Los orígenes: 1606
La llegada de la orden seráfica de los hermanos franciscanos a Zaruma se dio en los primeros días de 1606, como respuesta a una solicitud presentada ante el Capítulo reunido en octubre de 1605 en Guano, en la actual provincia de Chimborazo. En esa reunión se atendieron los pedidos de fundación de conventos tanto en Guayaquil como en Zaruma; la petición de Zaruma llegó firmada por más de 1.200 pobladores, un respaldo notable para la época.
De hecho, el convento de Zaruma y el de Guayaquil nacieron de forma prácticamente simultánea, y ambos templos recibieron el mismo nombre: Nuestra Señora de los Ángeles.
Templos que se reconstruían cada generación
El templo actual —el que hoy conocemos— fue levantado después de 1960, sobre las ruinas del anterior. Pero no fue el primero, ni el segundo: por la fragilidad de sus materiales originales, bahareque y madera, cada construcción debía remozarse cada 60 años aproximadamente. Tomando esto en cuenta, el templo actual debe considerarse la séptima u octava edificación construida en el mismo lugar desde 1606.
Existe registro fotográfico del penúltimo templo, cuya disposición iba de norte a sur, paralela a la calle que lleva su mismo nombre. Ese templo recibió, en su momento, un legado de Don Baltasar Coello Coronel, quien en su testamento dispuso: «De lo más bien parado de mis bienes se entregarán 300 pesos para el entablado del piso del templo», obra que hacia 1892 se encontraba en construcción.
Un tesoro que la ciudad aún no recupera
Hacia finales del siglo XIX ocurrió un episodio que marcó la memoria local: la custodia del templo de San Francisco —una pieza de más de un metro de altura— desapareció de la Iglesia Matriz. Ante el temor de perder también el resto del ajuar litúrgico, los moradores retiraron la totalidad de los ornamentos, candelabros, patenas, vasos sagrados y otras piezas de valor, y las enterraron en un terreno propiedad de Don Baltasar Coello Guzmán, frente al templo. Se trata de piezas de gran valor patrimonial e histórico que, hasta la actualidad, no han sido recuperadas.
La riqueza de aquel patrimonio queda documentada en los inventarios de los templos sujetos a la Iglesia Matriz de Zaruma correspondientes a 1771 y 1871, que dan cuenta de una notable orfebrería. Esos mismos inventarios registran también los censos —hipotecas— gravados a favor del templo sobre varias haciendas y propiedades, destinados a su mantenimiento.
Los franciscanos y la independencia
Los franciscanos permanecieron en Zaruma hasta las postrimerías del siglo XIX. Durante las luchas por alcanzar la independencia, era guardián del convento Fray Justo Gaona, a quien el Pbro. Dr. Victoriano Torres Riofrío, en su relato histórico, confunde y declara prócer de nuestra independencia.
Investigaciones posteriores han detectado que el verdadero prócer al que hace referencia la Monografía Cantonal de Zaruma —publicación de 1923 de Manuel de Jesús Andrade, que omite mencionar su nombre— es en realidad el Pbro. Andrés Gonzaga y Maldonado. Existen documentos que lo registran retornando a su celda luego de un exilio forzado de varios años, a causa de su participación en las jornadas independentistas.
Una academia adelantada a su tiempo
Desde su llegada, los franciscanos desarrollaron en Zaruma una destacada labor no solo espiritual, sino también educativa: formaron, como parte del convento, una Academia de la que se tiene noticia histórica. Gracias a ella, Zaruma contó con instrucción secundaria ya en 1865 —un logro que la mayoría de las capitales de provincia del país no alcanzarían sino hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX.
El templo que hoy conocemos
La construcción del templo actual tardó varias décadas en iniciarse. Mientras tanto, las imágenes religiosas se guardaron en la casa de la Sra. Juana Coello de Maldonado. El diseño estuvo a cargo del arquitecto Gustavo Romero Aguilar, y el mural del actual sagrario fue diseñado por la Señorita Targelia Romero Aguilar. En su forma, el templo evoca conscientemente un crucifijo, y su torre representa dos manos unidas en posición de oración.
La historia de la Iglesia San Francisco de Zaruma es, en realidad, mucho más extensa de lo que estas líneas alcanzan a recoger: siglos de fe, reconstrucciones, pérdidas y también de una comunidad que, generación tras generación, ha sostenido este templo como el corazón espiritual de la ciudad.